Mis obras nacen de la necesidad de contar historias que tocan la vida desde lugares profundos. En ellas hablo de hombres que aprenden a nombrar su dolor, de comunidades que resisten el olvido y de jóvenes que necesitan ser escuchados antes de que el silencio se vuelva demasiado pesado.
Escribo porque creo en el poder de la palabra para sanar, recordar, acompañar y transformar.
Escribir ha sido para mí una forma de mirar la vida con más profundidad, de nombrar aquello que muchas veces se calla y de acercarme a las historias humanas desde la sensibilidad, la memoria y la esperanza. Mis libros nacen de preguntas, de heridas, de testimonios y de silencios que merecen ser escuchados.
Cada obra que he escrito guarda una búsqueda distinta, pero todas tienen algo en común: hablan de lo humano. Hablan del dolor que transforma, de la memoria que resiste, de las emociones que nos habitan y de la necesidad de poner en palabras aquello que muchas veces pesa demasiado.
Llorar también es de hombres
En este libro quise acercarme a las emociones masculinas desde una mirada honesta y necesaria. Durante mucho tiempo, a los hombres se nos ha enseñado a callar, a resistir en silencio, a mostrarnos fuertes aunque por dentro estemos rotos.
Llorar también es de hombres nace para cuestionar esa idea. A través de testimonios y reflexiones, busco mostrar que la verdadera fuerza no está en ocultar el dolor, sino en atreverse a nombrarlo. Este libro es una invitación a comprender que llorar, hablar, sentir y mostrarse vulnerable también es profundamente humano.
La Unión Peneya: una historia de desalojo y resiliencia
Esta obra nace de la memoria de una comunidad que vivió el desalojo, el desplazamiento y las heridas del conflicto armado colombiano. Para mí, escribir este libro fue un acto de respeto, de escucha y de compromiso con quienes han resistido al olvido.
En La Unión Peneya quise contar una historia marcada por el dolor, pero también por la dignidad, la esperanza y la fuerza colectiva. Es un libro que recoge voces, recuerdos y vivencias de una comunidad que, a pesar de haber sido golpeada por la violencia, encontró formas de levantarse y seguir adelante.
Keidy. Lo que no se dice también duele
Con Keidy quise hablar de una tristeza silenciosa, de esa que muchas veces habita en los niños, niñas y adolescentes sin que los adultos alcancemos a verla. Esta historia se centra en una adolescente que enfrenta la soledad, la distancia de su familia y el peso de una tristeza que no sabe cómo explicar.
Escribí este libro pensando en quienes callan lo que sienten, en quienes sonríen mientras por dentro libran batallas profundas. Keidy es una invitación a escuchar más, a mirar con más cuidado y a comprender que lo que no se dice también puede doler demasiado.
Mis obras nacen de la necesidad de contar historias que tocan la vida desde lugares profundos. En ellas hablo de hombres que aprenden a nombrar su dolor, de comunidades que resisten el olvido y de jóvenes que necesitan ser escuchados antes de que el silencio se vuelva demasiado pesado.
Escribo porque creo en el poder de la palabra para sanar, recordar, acompañar y transformar.

